VANGUARDIA X VANGUARDIA
Revista Idearia

 

Si nos referimos a los protagonistas de los tiempos casi épicos en los cuales se originó la vanguardia nacional, comienzan a presentarse los nombres de Gyula Kosice, Enio Iommi, Julio Leparc, Edgard Bailey, entre otros. Pero hay un nombre, que aunque no esté olvidado, no ha obtenido en todas estas décadas el reconocimiento justamente merecido tras años de infructuosa lucha y aporte, ya desde los inicios de la vanguardia latinoamericana, formando parte del grupo fundador del Movimiento de Arte Concreto Invención, y posteriormente, publicando verdaderos tratados sobre esos tiempos memorables y sus protagonistas.

Ensayista, traductor, jurisconsulto, dramaturgo, poeta, novelista, cuentis­ta, alguna vez vicepresidente de la S. A. D. E (Sociedad Argentina de Escritores), Juan Jacobo Bajarlía sintetiza la energía lúdica que hizo posible que tales movimientos prosperaran, demostrándolo a través de una ininterrumpida labor literaria que ha transitado por todos los géneros. Observar su semblante de oráculo, es casi un privilegio que no muchos pueden tener. Porque hablar con este prócer de la vanguardia en la calle, o en un café, no es como hacerlo en su ambiente, donde con sólo alzar la vista uno puede descubrir una pequeña escultura de Kosi­ce un pequeño cuadro de Arden Quinn que nos llaman a otros tiempos.

Inmediatamente nos sonríe convidándonos a que comencemos a formular nuestras preguntas. Sólo precisamos decir una palabra: Vanguardia. Agradecidos, él se ocupa del resto, entregándo­nos a borbotones todo lo que sabe sobre el tema. Así es como nos convertimos en meros oyentes, en bebedores de sus palabras.

 

El problema de la vanguardia.

 

“El problema de la vanguardia es bas­tante complicado. Te voy a decir por que. Ahora el marco se ha modificado en todos los parámetros de la vanguardia están utilizando cadáveres para convertirlos en estatuas y cosas por el estilo; mirá, es algo tan indescifrable, tan absurdo, que nada tiene que ver con las vanguardias de mi época.”

 

Movimiento de Arte Concreto Invención. Fines e inquietudes.

 

“Cuando largamos el Arte Concreto Invención, el Movimiento de Arte concreto Invención, fuimos muy precisos. Decíamos que había que reaccionar contra lo descriptivo, que el artista o el pintor o el poeta no debían representar, sino, presentar, y para presentar se tiene que eliminar todas las estructuras de tipo tradicional. Imagínense, ¿Cuál era, por ejemplo, en aquella época en que yo estuve inmerso, esa nueva estructura? Pues bien, nosotros pregonábamos en lírica, cuento y poesía la liquidación de las mayúsculas y de la puntuación, ¿entendés? Bueno, entonces, el que leía un poema nuestro en aquella época, se encontraba con un poema creado totalmente, que no hacía referencia a ningún hecho del entorno, es decir, nosotros no hacíamos lo que se hace actualmente, el juego de la abstracción. Es decir, tomar un objeto del mundo real y llevarlo al poema o lo que sea para presentarlo de alguna manera, pero siempre basándo­se en lo real. Entonces, por aquella época, para nosotros, la vanguardia, desde ese punto, era importantísima porque reaccionábamos contra lo descriptivo, es decir, no contábamos sino que presentábamos conceptos. Este problema de la vanguardia ya venía también el tiene lo que se llama la imagen poética. ¿Me entendés? La imagen poética, no la metáfora ni tampoco la imagen gráfica. La imagen poética está referida a los grandes términos a seguir sobre situaciones realmente magníficas que sirven precisamente, emocionalmente como poéticas. Te doy un ejemplo de la distribución que había logrado Vicente Huidobro y otros vanguardistas de la época de lo que es imagen poética, para acabar con la metáfora. Decían que la imagen poética es una creación pura aspectos fundamentales, estaban también pensando en la relación de autono­mía, es decir, ellos querían ser los creadores absolutos del hecho literario.”

 

La no representación y los movimientos de vanguardia.

El porqué.

 

“En los grandes movimientos de van­guardia, el cubismo en 1909, el futuris­mo mas o menos por la misma época, el dadaísmo en 1916, que lo lanza Tristán Tzara y en 1924, el surrealismo, que es lanzado por André Bretón con el primer manifiesto,

la representación fue rechazada, por­que en la representación no hacés nada más que describir, abstraes cosas que están circundantes para hablar de ellas a su manera, en cambio, en la verdadera vanguardia, como en el caso de la nuestra, no representación, sino presentación, es decir, estructuras creadas. Esto fue elaborado en varios autores, por ejemplo, Vicente Huidobro, uno de los grandes poetas de aquella época. Él reaccionaba contra la metáfora, por una cosa muy sencilla, la metáfora es una remisoria del tiempo; vos decía algo conocido, lo vinculás con otra cosa y te sirve para mantener la unidad de la metáfora, que se construye sobre la base del adverbio cómo y por eso hay una relación de analogía. Cuando comienza la vanguardia, en París, se adviene el surrealismo, entonces la metáfora se empieza a retirar y en vez de metáfora en la poesía se ob-del espíritu, ella no nace de una comparación como la metáfora, sino, de una oposición de dos realidades mas o me-nos alejadas; el poeta que se dedica a la imagen poética es un verdadero creador, a ese, metafóricamente hablando, podemos llamarlo un dios, porque él es el que crea el concepto poético, en éste caso, la imagen poética es utilizada en una relación de autonomía.

Cuando los pintores abstractos se dedicaron, como en el caso de Arden Quinn, a unir colores que no estuvieran sujetos a lo tradicional, digamos, en los desde la misma abstracción que se to-man de los objetos de la naturaleza, ¿entendés? El problema está ahí, y esto está patente en los vanguardistas en ge­neral en Francia, por ejemplo Tristán Tzara, que tiene varios libros dedicados a este tema. Entonces, ya está inventan­do el lenguaje, está inventando el he-cho, además, si de dadaísmo hablamos, recuerden, que en París, realizó una exposición donde había que pasar por un agujero para llegar a la muestra, y al llegar a la muestra, solían tirar cualquier cosa sobre los cuadros, romper-los, tirar mierda, porque los dadaístas decían: “El arte es un producto farmacéutico para imbéciles.”

 

La vanguardia en Argentina. Diferencias y similitudes con otros movi­mientos de vanguardia.

 

“La vanguardia nacional no se distingue de los grandes movimientos de vanguardia europeos, sí se distingue de otros movimientos de vanguardia latinoamericanos. Mirá, acá, en la Argentina, nosotros estábamos al tanto de todas las literaturas extranjeras y hablábamos francés, italiano, inglés. América, Latinoamérica, Argentina, tuvo una auténtica vanguardia creada por nosotros mismos, sólo que tiene derivaciones en la vanguardia europea. Los otros países latinoamericanos fueron tomando de nosotros esos impulsos para iniciar también sus movimientos de vanguardia, pero Argentina se caracterizó especialmente por un movimiento de vanguardia autóctono, digámoslo así, aunque tenga raíces europeas. Las demás vanguardias latinoamericanas no han sabido romper las estructuras de tipo tradicional y han hecho una mezcla con la tradición, en cambio, nosotros en Argentina, nos hemos dedicado exclusivamente a la invención.”

 

Su encuentro con los integrantes de Movimiento de Arte Concreto Invención.

 

“Bueno, te voy a decir una cosa, cuando yo conocí, por ejemplo, a los integran­tes del Movimiento de Arte Concreto Invención, cuyos integrantes eran Gyula Kosice, Arden Quinn, Edgar Bailey. Cuando los conocí, repito, estaban en el origen de la batalla, entonces yo me plegué rápidamente a ellos, y en mate­ria de poesía, los dos primeros libros de Arte Concreto Invención fueron, uno de Edgar Bailey y otro, de éste quien les está hablando, que se llamaba Este­reofonías. Bueno, fueron los primeros libros que se publicaron en el interva­lo de unos meses, porque yo quise que primero se publicara el libro de Edgard Bailey. Esos fueron los dos primeros li­bros de Arte Concreto Invención, pero no fueron los primeros poemas del mo­vimiento. Los primeros poemas de Arte concreto Invención están realizados por Gyula Kosice, a quien hay que tener en cuenta como uno de los grandes caudillos de esa época, porque Kosice es el fundador del Movimiento Madí, Kosice es el redactor del manifiesto Madí, y también, en la férica de Kosice estaba esto de arrasar con al metáfora, de liquidar la puntuación y las mayúsculas. Después de nosotros todos los jóvenes de aquella época se lanzaron a escribir poesía sin mayúsculas y sin puntuación. Quienes, algunos de ellos, aún existen, pero no tan jóvenes (risas).”

 

Política y vanguardia.

 

“Bueno, mirá, vos sabés que todos en la vanguardia éramos de izquierda. Nuestra generación, ideológicamen­te hablando, era terrorífica. Porque en aquel entonces se combatían las ideo­logías sin entenderlas. -Ah, ¿éste era comunista? Hay que eliminarlo. ¿Éste era comunista? No puede sentarse en esa silla.- Y cosas por el estilo. Ahora, todos los indicios en aquel entonces anticipaban lo que sucedió. Estamos siempre en la avanzada, perro no en la red moderna del comunismo, ¿te das cuenta? Con el tiempo el comunismo se tergiversó, dejó de ser un ideal de avance, digamos, de pobres, para con­vertirse en una manifestación, en un manipulación particular del partido, entonces eso es lo que nos hizo apartar­nos de esa ideología, pero momentito, seguimos con la ideología del comu­nismo pero no seguimos con el partido. Claro, la izquierda es una instancia de apoyo a la verdad, a la libertad y a la creación, claro.”

Ansiosos somos recibidos por la calle. Caminamos varias cuadras hablando sobre la entrevista, las fotos, los cua­dros, los libros, Bajarlía, la Vanguardia. Nos detenemos al unísono deseosos de comenzar a desgrabar esas palabras, de transcribirlas al papel para rendirles cierto homenaje al solidificarlas en los caracteres oscuros de alguna tipografía. E inexorablemente, comenzamos a comparar aquella vanguardia con los resabios que aún hoy sobreviven, y en vez de pensar en brotes que pudieran crecer para dar nuevos frutos, sólo po-demos avistar en los tiempos que corren, ramas secas que continúan existiendo por el flujo antiguo de aquella savia. Con más ímpetu nos sobreviene entonces, el deseo de escuchar nuevamente esa voz en la cinta magnetofónica que nos habló de otros tiempos que sí fueron memorables, que se nos pre­sentan nuevamente a través de esa vos tranquila y pausada que nos respondió con la seguridad de la historia.

 

D.N.I de Juan Jacobo Bajarlía

Buenos Aires,1914. Abogado, poeta, ensayista, dramaturgo, cuentista. Entre sus libros se destacan “Estereopoemas” (1950);”La Gorgona” (1953);”La polé­mique Reverdy-Huidobro” (1963)”Nuevos límites del Infierno” (1972);”Sables. Historias y crímenes” (1983);”Fijaman, poeta entre dos vidas” (1983);”El poeta y el exilio” (1990);”Drácula, el vampirismo y Bram Stoker” (1992);”La sombra del esnía, en Thrillers al sur” (1993). En ralación a su creación dramática se pue­den citar sus obras “La Esfinge”, estrenada en 1955 y “Monteagudo” (1962), la cual obtuvo varias distinciones. Mystery Magazine Ellery Queen´s, 1964. Obtu­vo entre otros los siguientes premios: Premio Municipal de Teatro, 1960;Premio otorgado por el Fondo Nacional de las Artes, 1962; Premio César Valle otorgado por la Facultad de Humanidades de la Universidad de Córdoba, 1963; Premio Municipal de Narrativa, 1969; Premio Konex de Platino, 1984.

 

 

Entrevista realizada por la revista
Umbral Tiempo Futuro, Nº 5, año 1978

  

                Juan–Jacobo Bajarlía es uno de los principales cultores en nuestro país de un género considerado “menor” –no sin envidia– por el establishment literario: la Ciencia Ficción.
                De ahí que en Bajarlía, escritor y periodista de profundas raíces, podamos encontrar al apasionado por la novela policial y la ciencia ficción como también al polemista agudo... y camorrero. Pero es difícil descubrir en este hombre menudo, impecablemente atildado, al creado de fantasmagorías y horrores, salvo que nos adentremos hasta el brillo casi fáunico de la mirada.
                Lo encontramos para charlar sobre literatura, pero de inmediato el tema derivó hacia lo fantástico, y de allí –casi estábamos a un paso–, a la ciencia ficción.

                UMBRAL TIEMPO FUTURO: –¿Cómo se llega –cómo llegó Ud., escritor de formación clásica– al relato de ciencia ficción?

                JUAN-JACOBO BAJARLÍA: –Mi vuelco a la ciencia ficción es de prever en todo novelista que se dedique a lo fantástico. En el relato de ciencia ficción actual el elemento fantástico es fundamental. Ya no se trata de describir un invento, como sucedía en la primera época, o de condicionar el invento a una supuesta necesidad, como se hizo luego, sino crear una situación límite entre el pasado, ya perimido, y el futuro a través del cambio. A través de esta relación lo fantástico adquiere una dimensión ineludible. Prepara al hombre para su impostergable transfiguración. Recordemos lo que decía Teilhard de Chardin: “Dentro de la escala cósmica, toda la física moderna nos demuestra que sólo lo fantástico tiene posibilidades de convertirse en verdad”. Este es el fundamento, por lo tanto, de la ciencia ficción.

                UTF:Ud. habla de fundamento, pero mi interés era más anecdótico. Le preguntaba cómo descubrió la ciencia ficción.

                JJB: – La descubrí como cualquiera de nosotros, por la lectura de los clásicos y los no tanto, pero siempre fui permeable a todo lo nuevo, lo que es futuro, así que de lector pasé pronto a escritor. Hay dos fechas que recuerdo, que pueden tomarse como momentos en que se modifica mi escritura.
                En 1963 dirigí en Radio Nacional y Radio Municipal una serie que llevó el título de Los seres espaciales. Llovían las cartas. Los trabajos integraron mucho después mi libro Historias de monstruos y El día cero. También antes, en 1955, escribí una obra teatral: Los robots, tragedia mecánica, que luego fue irradiada por Radio Nacional.

                UTF: –¿Había en la época de su descubrimiento una C–F escrita por autores argentinos, digamos una tradición en el género?

                JJB: –No podemos hablar de tradición, pero sí de una cronología que comienza en 1875, fecha en que Eduardo L. Holmberg, entre los argentinos, publica su Viaje maravilloso del señor Nic–Nac.
                Es una novela. Trataba de un viaje al planeta Marte por el espíritu de Nic–Nac. Holmberg describe el planeta, su gravedad, su estructura, las ciudades que lo pueblan. De alguna manera se anticipa a Arthur Clarke, cuya novela Las arenas de Marte trata de inducir la idea de la posiblidad de una civilización a crear por el hombre.
                Podría mencionarse también a Alfonso Storni, quien escribió un soneto a los supuestos habitantes de Marte. Pero en realidad, en los tiempos modernos, siempre entre nosotros, será Adolfo Bioy Casares el autor de una buena novela de ciencia ficción que lleva el título de La invención de Morel, basada en la reproducción perenne de la imagen de los humanos por medio de un mecanismo que succiona al ser para proyectarlo. La máquina funciona mediante las mareas. Esta novela, publicada en 1940, fue considerada dentro del género fantástico. Entonces no se había divulgado en el país la ciencia ficción. Jorge Luis Borges, que prologó la obra, sólo pensó que se trataba de algo nuevo, pero no pudo definir su estructura. Indudablemente, cero yo, no estaba al tanto de la ciencia ficción. Esta va a suceder tiempo después, cuando le piden y escribe el prólogo de las Crónicas marcianas.
                El mismo Borges lo ha intentado con Tlön, Ugbar Orbis Tertium. De alguna manera, y a su modo, lo han hecho Marco Deveni, Manuel Mujica Láinez y otros.

                UTF: –En la actualidad, y en nuestro país, ¿puede hablarse de la existencia de una literatura de C–F; o, por lo menos, de autores “convictos y confesos” de C–F?

                JJB: –Puede hablarse de jóvenes que hacen C–F. Norma Viti, Elvio Gandolfo o Hermes Gosso son ejemplo de esta sangre nueva, que están haciendo sus primeras cosas. Hay otros que no recuerdo los nombres. Nuestra C–F está a la altura de cualquier otra, aunque los escritores argentinos dedicados al género sean pocos. Pero existimos, sobre todo al lado de países de gran desarrollo. Ahora, que haya escritores “convictos y confesos” de C–F, eso es otro cantar. Salvo esta gente joven que le nombré antes, de los mayos, si hay dos es mucho. Existen, inclusive, los que se ganan la vida escribiendo novelitas de C–F, de esas de a kilo, pero después reniegan de sus criaturas en cuanto reportaje les sale a cruce. Ojo, no estoy hablando de los que escriben novelas policiales o de C–F con seudónimos, sea cual fuere la razón de su uso. Me refiero a los que dicen por ahí que la C–F es “escapismo puro” o es literatura “reaccionaria”, pero que llenan carillas tras carillas, sin cuidarse mucho en lo que escriben. Esos son los peores, pues en lugar de estar en el banquillo de los “convictos y confesos” que escriben una buena literatura de C–F, cuidando la forma con contenidos realmente buenos, se enarbolan en fiscales y acusadores.

                UTF: –Podríamos decir que la C–F no goza de las palmas académicas, pero una aseveración de esa calibre nos lleva a la pregunta: ¿Por qué no se acepta la C–F, cuál es la causa de que se le menosprecie como género literario?

                JJB: –Recién hablábamos de los “convictos y confesos”, pero eso no es más que un efecto. La causa yo la buscaría en la predisposición que manifiestan los hombres que hacen la cultura, con respecto a un tema simple pero arduo de resolver: el futuro. Y aquí me permito una digresión: en todos los medios periodísticos cuyos críticos literarios son jóvenes, las obras de ciencia ficción son comentadas y criticadas en un plano de igualdad con respecto al resto de la literatura. Lo fundamental es en esos medios el hecho literario en sí. Si es buena, regular o mala la obra en cuestión. En los diarios y revistas que tienen críticos más “maduros” podríamos decir, la ciencia ficción no existe; la literatura llega hasta lo fantástico, de ahí en más no interesa.
                Y Bajarlía continúa, no sin cierta ironía:

                –Este fenómeno que le refiero puede tenerse en cuenta para extraer algunas conclusiones. En principio, yo diría que el hombre grande, “maduro” –y conste que yo tengo la edad de algunos de ellos, pero la mente abierta a todo lo que sea nuevo–, el hombre maduro, decía, es un ser más cercano a la muerte que al descubrimiento. ¿Qué puede importarle, en última instancia, a un crítico de 50 años de edad lo que llegue a pasar en el año 2000? Y mucho menos importarle que los posibles sucesos del siglo XXI ya estén anticipados a través de un sinfín de narraciones de ciencia ficción. La literatura que puede llegar a gustarle más calma, más introspectiva, menos riesgosa.

                UTF: –Es evidente que su punto de vista respecto de la percepción del futuro por parte de los críticos nos acerca a la respuesta, ¿pero no cree usted que, paralelamente a la “vitalidad” apagada, también haya conspirado contra la C–F el hecho de haber sido una literatura que nace en revistas de circulación masiva? Sobre todo, ¿no cree Ud. que el género ha sido bastante bastardeado desde su nacimiento?

                JJB: –Es cierto el bastardismo de muchas obras de C–F, pero no lo es más que el resto de la literatura. También las novelas de amor, o las llamadas góticas, saben de la escritura por encargo, a tantos pesos el kilo, multiplicada como los panes. En la C–F también existen esos escribidores, como yo los llamo, que suplantan el caballo de las novelas del oeste por una cosmonave y el Colt por una pistola de rayos láser, sin modificar ni las comas. Pero no creo que los críticos literarios hayan tenido en cuenta toda esa literatura de “pulp”. No, porque de lo contrario les hubiese ocurrido lo mismo que a nosotros, que devoramos toda esa literatura, donde convivían los monstruos verdes y de ojos saltones, los cowboys espaciales y los grandes escritores, pero que supimos separar lo bueno de lo malo. No, a esa gente no le interesa el futuro; para ellos todo lo nuevo es malo, o no existe.

                UTF: –Antes usted habló de fundamentos y ahora de futuro. Sería preciso, creo, arriesgar una definición, o por lo menos una aproximación a lo que es ciencia ficción.

                JJB: –En esto hay que ser cauto y tratar de ver el contexto donde nace la C–F. Vivimos en un siglo donde el hombre, por una parte, encuentra que los temas están agotados o poco menos, y por la otra, presencia una vorágine de acontecimientos científicos sin precedentes en la historia de la Humanidad. Ante la revelación de los secretos de la materia, gran parte del mundo que le servía está envejeciendo. Y ahora como en todas las épocas –y memoro lo que puede haber sido el Renacimiento–, el hombre se aboca en la búsqueda de la verdad, del conocimiento. Así como la revolución industrial trajo, entre otras novedades, el posterior florecimiento del naturalismo como escuela literaria, la ciencia o el cientificismo de nuestro siglo debe por fuerza determinar un cambio de mentalidad, e inscripta en ese cambio, una nueva literatura. De ahí que la ciencia ficción sea uno de los hallazgos más extraordinarios del escritor en el mundo contemporáneo. Cuando ya se estaban agotando  todas las formas tradicionales del relato, la C–F inyecta a la creación con algo nuevo. Ahora bien, fuera de este género, intentar definirlo, bueno... ya hay tantas definiciones... Podríamos desde otro punto de vista, decir cuáles son las notas principales de la ciencia ficción.
                En mi libro de cuentos Fórmula al antimundo, afirmé la existencia de tres categorías: las máquinas del tiempo, la pluralidad de los mundos y el tema de la destrucción. La enumeración no es taxativa. Caben otras categorías: la referida, por ejemplo, a la mutación, tema éste que sostiene, de modo imbatible, Norman Spinrad en el Sueño de hierro, novela aún no traducida entre nosotros y fundamental en esta significación.

                UTF: –Ya que hablamos de definir la ciencia ficción, sería conveniente, desde otro punto de vista, en este caso el individual, que usted nos delimitara cuál es su enfoque de la ciencia ficción.

                JJB: – Por empezar, no sigo el trámite corriente. Mezclo lo fantástico, la ciencia ficción, la erudición y lo histórico y trato de obtener una estructura distinta en cuyo centro la preocupación por el hombre, sin realizar socioficción, se instala como significación principal.

                UTF: –Hay toda una corriente de autores norteamericanos para quienes también el hombre es el tema importante del relato.

                JJB: –Indudablemente. Esto sucede con Robert Silverg, Rober Sheckley, Brian Aldiss y otros. Pero ninguno de ellos descuida la invención. Lo mismo sucede con Raphael A. Lafferty. Primero la invención (no el invento), la originalidad y después, en el centro, el hombre. Yo sigo o trato de seguir estas instancias. Recuerdo que H. P. Lovecfraft en Supernatural Horror in Literatura declaró que el hombre es el centro y el terror el ambiente.

                UTF: –Usted ha hablado de socio–ficción, y de escritores norteamericanos. Al respecto cabe una pregunta: Teniendo en cuenta que la gran literatura en muchos casos ha sido política –y nos podemos referir a La Divina Comedia tanto como al Facundo cuando decimos política–, ¿puede hablarse en C–F de una preocupación ideológica en sus temas?

                JJB: –Así como las grandes obras se distinguen por la grandeza de su realización expresiva, la ciencia ficción no puede estar desconectada de determinadas preocupaciones. Esta literatura que podríamos llamar de la ciencia aplicada, es en definitiva una literatura moral. Al no diferir del resto de la literatura, en su seno la C–F cobijará escritores de avanzada o reaccionarios sin que el género se desvirtúe por ello. Por otra parte hay que tener en cuenta que junto a la socio–ficción conviven otras orientaciones dentro de esta literatura. Lo más novedoso, lo que en estos últimos cinco años –pienso que en C–F hay ciclos “revolucionarios” cada cinco años en las temáticas parciales– conviven con la socio–ficción son el estructuralismo y la teo–ficción. El estructuralismo, a través de la C–F casi especulativa, donde se mezclan la necesidad de modificar el lenguaje con la introducción de elementos superfantásticos. Anthony Boucher es uno de los exponentes de esta línea, Robert Sheckley podría ser otro. Esta búsqueda lingüística aparece en temas más tratados por los escritores tradicionales de C–F, pero con un concepto semántico diferente. El problema del éxito de esta línea –casi filosófica– está acondicionado por los lectores, y no es de extrañar un paso atrás en los escritores que la han intentado. En cuento a la denominada teo–ficción, cuyo máximo exponente puede considerarse Raphael Lafferty, es un intento de búsqueda por el lado del esoterismo, de lo místico, con creaciones de nuevas teogonías. Estas dos modalidades, que acompañan en cuenta a “moda” a la socio–ficción, no creo que duren, pues éste es un género que agota muy rápidamente las “novedades”.


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